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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Richard Jackson

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Un empujón farmacológico para continuar [Pipper]

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Recuerdo del primer mensaje :


Un empujón famacológico para continuar

   
29/03/2015 ♦️ Calhoun, Georgia ♦️ 2 semanas a pie ♦️ B.S.O.
Había llegado hasta el cartel que marcaba el desvío hacia Calhoun. Allí curiosamente, había una pequeña caseta de información turística; Calhoun siempre había tenido un gran nombre para el turismo, al menos del que a mí me gustaba, pues no había nadie. Tomé un folleto de “Qué hacer en Calhoun” y en él estuvo mi suerte, pues poco después del desvío de la carretera, tal y como había indicado la cartelería, se encontraba el inicio del pueblo con distintos establecimientos, tanto culinarios como el que yo estaba buscando: una farmacia.

Tras la gran explanada de aparcamiento, se sucedían las pequeñas naves con los establecimientos: pizzería, restaurante asiático, supermercado.... En realidad, no pensaba acercarme a la pizzería, sabía de primera mano que la carne ya no era del día ni el resto de los ingredientes serían tan frescos como indicaban sus folletos. Sonreí al tiempo que acariciaba a Niebla y di gracias por aún mantener un poco de humor.

Estas dos últimas semanas no había dado con ningún tipo de rastro de Vernice, tal como iba siendo habitual. Las primeras salidas habían sido cortas, pero con esta me había propuesto alcanzar los ochenta kilómetros de distancia desde la base e ir haciendo un barrido de todas las zonas, para ver si encontraba algo que me pudiese dar norte.

-Bueno Niebla,- dije a mi pastora belga -esperemos que ese pequeño centro comercial no esté de rebajas y haya demasiada “gente”.

Saqué mi beretta del chaleco para comprobarla una vez más, la rutina: sacar cargador, comprobar carro, meter cargador, acerrojar una bala en la recámara, volver a sacar cargador e insertar una bala más. Volví a guardarla e inicié mi paso, pegado al arcén en un principio, y después andando por la frontera del bosque.

No había demasiado movimiento y en algo menos de quince minutos, a lo lejos podía ver la gran zona de estacionamiento y las tiendas. Estaba contento pues había un supermercado que, aunque estuviera saqueado, la experiencia me había demostrado que siempre se podía encontrar alguna lata debajo de las estanterías. Pero mi principal alegría era la farmacia, una gran farmacia.

La gente entraba a las farmacias buscando antibióticos, vendas, gasas... todo lo necesario para paliar gripes o hacer primeros auxilios, yo sin embargo, había encontrado cosas de más utilidad allí. El hecho de que nadie estuviese a dieta en estos días, no significaba que los sobres de comida liofilizada sustitutiva no fuesen más que suficiente para tomar energía y un buen aporte calórico llegado el momento, sobre todo, si en vez de un batido te tomabas tres. Eran como barritas energéticas que había que disolver en un poco de agua. Y como no, medicación para el dolor.... si allí pudiese encontrar algunos analgésicos podría continuar algunos kilómetros más.

Llegué al borde del bosque y me acuclillé detrás de una frondosa conífera, resté allí unos diez o doce minutos inspeccionando la zona. Niebla permanecía tumbada a mi lado, expectante, me golpeó varias veces con la trompa y sí, ya los había visto. Había como cuatro caminantes rondando por el aparcamiento; no era un grupo grande, pero eso significaba que el interior podría tener sorpresas.

Apenas serían las doce de la mañana, tiempo más que suficiente para entrar, coger lo que necesitara y volver a buscar refugio. Los días ya eran largos pero aún así había que buscar un sitio donde refugiarse para pasar la noche. Pero qué suerte la mía, porque frente a todo el complejo comercial justo a la entrada de Calhoun, había un pequeño residencial con varias casas en las que no sería muy complicado entrar y adecuarlas como “centro operativo y de control” por si era posible revisar el pueblo. Puede que esta vez tuviera suerte y Vernice se encontrase allí, aunque había demasiadas cosas que no entendía (si seguía con vida) de su comportamiento.

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La verdad es que la idea de un gato explorador en un principio me había perturbado, pero al ver como con una caricia y un beso, lanzaba su gato a explorar los inhóspitos rincones de una casa que le habría dado miedo hasta a mí mismo, me dejó en jaque. Ahora miraba a Niebla de otra forma.... me faltaba enseñarla a saltar por las ventanas.

La doctora siguió hablando y yo, mientras tanto siendo aún incrédulo a que el explorador gatuno nos diera un resultado del cien por cien, rebusqué con la mirada todo lo que nos pudiera servir para preparar una buena defensa en la casa donde mantendríamos, al menos, un par de horas de descanso. Aunque por el dolor que se iba abalanzando sobre mi rodilla, quizá lo mejor sería fortificarse ahí.

Antes de poder decir qué iba a pasar Salem, el gato de Angelique, se asomó por la ventana y al lamerse su patita entendí... ¿Sería cierto? ¿Había revisado la casa y no había nadie dentro? Sin que pudiera volverme a la doctora para confirmar que era así, ella soltó una broma y abriendo la puerta de la casa me invitó a pasar. Joder, era cierto.

Tras abrir la puerta no quise dejar mi destornillador más que en mi mano, y sin parecer desconfiado, lo apoyé en mi pecho como si se tratara de una flor, pero en realidad esperaba que algún caminante se abalanzase sobre mí.... no fue así. La casa no olía a muerte, allí no había ningún podrido y si lo había, debía de ser el podrido más pulcro de todo el apocalipsis. Niebla, por su parte, al llegar al umbral olfateó y entraba a la casa como si realmente su nuevo amigo, Salem, ya le hubiese dicho que allí no quedaba nada de peligro o mejor aún, nunca lo había habido.

La entrada a la casa era a través de un hall de nueve metros cuadrados y estaba decorada con muy buen gusto. A la derecha se abría una gran puerta de dos hojas que mostraba el salón, un salón enorme y decorado sin demasiadas cosas en las repisas, una pantalla grande, un equipo de música, algunas fotos en un collage justo sobre el sillón. A la izquierda una puerta que debía dar a la cocina y al frente, unas escaleras que salvaban la doble altura del hall.

-Vaya Niebla, este gato vale su peso en oro.- dije volviendo a colocar mi arma en su lugar, quitándome los guantes y guardándolos en el bolsillo de mi chaleco, señal de que estábamos a salvo. -Y ahora, ¿crees que deberíamos explorar el resto del pueblo o....? ¿El gato podría enseñar a Niebla a hacer esto?

Sonreí puesto que me había sorprendido la buena relación que tenía con su mascota y lo obediente que era con ella, sin menospreciar por supuesto, todo lo que Niebla había hecho por mí durante todo este tiempo.

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Sus ojos brillaron de felicidad pura al ver los champiñones, tenía tanto tiempo sin comerlos que le pareció todo un milagro de parte de él. –Por aquí cerca antes de llegar vi un conjunto residencial y parecía nuevo, ya sabes de esos que recién construían antes de que todo se viniera abajo, podría ser peligroso pero lo más probable es que estuviera deshabitado y podemos probar suerte allí ¿Te parece? –Le preguntó dulce luego de contarle en lo que ella había estado pensando mientras vigilaba que no se acercara ninguna amenaza a ellos. –Muchas gracias Gilbert, sé que no es usual, tenía años sin comerlos, desde que todo este desastre comenzó. Parece mentira pero no los había visto desde entonces, creo que los otros amantes de champiñones me ganaron para saquear. –Comentó en pura broma para mantener todo el buen humor que reinaba entre los dos. En definitiva Gilbert era una de esas personas que con facilidad pudo ser un gran amigo de ella… antes del apocalipsis y bueno… esperemos que después también.

Al escuchar su comentario sobre la dietética le sonrió casi a punto de reír mientras negaba suave con la cabeza y acomodaba las barras de chocolate en uno de los bolsillos laterales de su morral. –Oye, soy traumatóloga no nutricionista, así que puedes darme todos esos consejos nutricionales que tengas bajo la manga porque me caerán de perlas. Al menos si consigo algo sabré que no voy a morirme. –La verdad era que nunca se interesó por su comida, le gustaba comer bien y ya, hasta allí, contar calorías o si debía comer más proteínas o menos carbohidratos… jamás fue algo que le interesara, probablemente si eso le hubiera importado un poco más en si misma se intentaría alimentar mejor en medio de todo aquello.

–Claro, no hay problema, igual viajo ligero, prefiero ir saqueando de poco en poco que tener mucho peso que me impida moverme o me complique más todo. En el ejército siempre ponen a cargar más armas, pero cuando eres tan menuda como yo… ese es un mal plan. –Esperó pacientemente que él acomodara las cosas antes de comenzar a caminar guiándolo a donde vio la entrada a la residencia que antes le comentó. –La verdad no, estuve de paso alguna vez; pero realmente no pasé tiempo o me detuve en este lugar. Y ahora de nuevo solo estoy de paso, viendo a donde me lleva la vida. Me separé del último grupo hace poco por… conflictos de intereses y moralidad sobretodo. –El hombre le daba tan buena vibra que no le importaba hablar de todo como los locos y comentar un poco más sobre ella. –Estaría bien seguir mañana ¿A dónde vas tú? ¿O de dónde vienes? –Le preguntó buscando seguir con la conversación mientras Salem los seguía de cerca aún sin pedir ser cargado.


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Viajar con Angelique me había devuelto a días pasados, tan lejanos como la vida misma y que ahora, sin darme cuenta, me habían vuelto a llevar a un día normal de compras en el regreso a casa manteniendo conversaciones con algún vecino, como si fuéramos amigos de toda la vida.

-Pues sí, es cierto, ha sido una suerte que quedaran algunos champiñones, pero de eso trata la vida ¿No? De aprovechar esos pequeños momentos que te dan descanso.


La jovialidad y desparpajo en la conversación que llevaba la doctora me había hecho olvidar en realidad que vivíamos en constante peligro, que de cualquier lugar podían salir bandidos o caminantes, y en los tiempos que corrían no era capaz de decidir cuál de los dos tipos de escoria era más peligroso, aunque de lo que sí estaba seguro, era de que los que se dedicaban a saquear, matar y robar a sus propios congéneres, eran más despreciables que los muertos. Al fin y al cabo, lo hacían porque lo deseaban, aunque tampoco entendía qué movía a los caminantes a comerse a los vivos.

La pregunta de Angelique sobre a “dónde me dirigía” me hizo recordar a Vernice y me devolvió a la realidad.

-En realidad voy buscando a alguien. Nos separamos cuando llegamos al nuevo asentamiento y busco señales, sin perder la esperanza de que aún siga viva.


Tardé unos segundos en tragarme esas palabras pero toda la positividad que manaba la actitud de mi nueva compañera de viaje, me hizo entrever un halo de esperanza. Sí, sin duda estaba viva, y estaría asomada a cualquier balcón de un alto piso salvando a personas y exponiendo su vida justo en el momento en que yo la encontrara.... Y si el edificio estaba en llamas mejor que mejor.

-¿Y tú Angelique? ¿De dónde vienes? No son buenos días para viajar solo, aunque ninguno de los dos lo hagamos.- Dije señalando a nuestras mascotas, que ahora caminaban delante de nosotros dándose la importancia de que eran ellos quienes nos dirigían a donde fuera que fuésemos.

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Ese día parecía ser uno que destilaba suerte, y ella y Salem realmente lo estaban disfrutando. Y el gato parecía estar a sus anchas con su nueva amiga, sobretodo porque en algún momento consiguió que la perra lo llevara en su lomo. Bendito gato manipulador.

-En este mundo tan estresante, cualquier mínimo momento en el cual podamos respirar con tranquilidad es un regalo y hay que disfrutarlo. - Le respondió con una sonrisa. - Podemos revisar si Salem consigue un premio para él en alguna casa que haya tenido gato. - Dijo señalando al descarado de su gato sobre el lomo de la perrita.

Caminaba tranquila pero sin dejar de mirar a los lados por si acaso. No esperaba un auto a toda velocidad, pero si podian aparecer más muertos o algunos ladrones, una vez se encontró con unos así por suerte se escondió antes de que la vieran y solo esperó a que se fueran. Al escuchar que él de hecho tenía un asentamiento y buscaba a alguien, le alegró saber que él sí tenía a quien buscar.

-Oh vaya, seguro está bien y seguro la encuentras. Me alegra saber que vas buscando a alguien. - Su pregunta le hizo sonreír suavemente y recordar su propia soledad. - Vengo desde New York con Salem. No tengo rumbo fijo así que solo voy a donde me lleven los pies, mis padres murieron antes de esto y no tenía novio ni nada, así que estoy sola. No sé qué pasó con mis conocidos, pero bueno...-Dijo sonriendo de corazón. - Sigo viva, así que hay esperanzas para mí. - Sin darse cuenta habían llegado hasta la entrada de la villa y era momento de escoger una casa. Se adelantó a él y bajó a Salem del lomo de Niebla para mandarlo a revisar las casas.


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Había sido como un paseo vespertino. Hacía muchísimo tiempo que no dirigía mis pasos como un paseo con una cálida conversación con alguien, salvo cuando hablaba con Niebla que había sido lo más parecido a un compañero de viaje que había tenido. Escuchaba a la mujer y no pude remediar el responderle.

-Siempre pensé que era mejor estar solo, con un pequeño grupo de gente con el cual poder mantener las necesidades básicas cubiertas. Poca gente necesita poca comida, pocas armas, poca munición, y no necesitan grandes asentamientos ni levantar grandes muros...- Suspiré recordando a toda la gente que habíamos perdido. -Pero nunca he estado demasiado tiempo solo.- Tosí y aclaré mi voz.

¿Cómo explicarle que todo lo que yo buscaba era lo contrario a lo que ella, mi querida Vernice, me llevaba? Si encontrábamos niños los acogíamos como nuestros, ancianos, todo tipo de tullidos desde físicos a mentales... y no sólo cuidábamos de ellos, sino que los hacíamos nuestra familia. Cuando ella desapareció yo me quedé al cargo de toda una residencia de... Sí, eso era La fábrica, un lugar donde mayores y pequeños estaban encerrados viviendo a las órdenes de los mayores tiranos que podían existir, pero eran los que los mantenían con vida, ellos y su pequeño ejército de guerreros.

Estuve apunto de invitarla a venir conmigo, o en su defecto, indicarle cómo llegar hasta el asentamiento.

Últimamente había hecho eso: dar la forma de encontrar el lugar, aunque mis días ya estaban acabando la búsqueda y pronto tendría que volver para comprobar que todos siguieran bien. Fue entonces cuando ella habló. Sin darme ni cuenta en nuestro agradable paseo, habíamos llegado hasta donde empezaba el pueblo, y como si supiese escoger a la perfección un lugar, dejó pasar las primeras casas sin adentrarse mucho en la calle principal para elegir una. Angelique, mi nueva compañera de viaje, sabía cuidarse y no en vano, había sobrevivido todo este tiempo.

-¿Desde Nueva York? Es un largo paseo.- saqué mi halligan del cinturón del pantalón para revisar la casa que o ella o su gato habían escogido.

Niebla por su parte empezó a olfatear toda la zona, no parecía nerviosa, al contrario. No solo estaba encantada de tener alguien con quien jugar, sino que cuando el gato saltó de su lomo sobre el que había permanecido durante un largo espacio de tiempo, lo entendió como un juego y se abalanzó sobre el gato echándole su pata encima. Menudo susto debió pillar Salem, que se giró como felino, y le hizo un sonoro bufido a Niebla, quien quedó tumbada en el suelo asombrada de la rapidez con la que su nuevo amigo se había escapado de su juego, o quizás, de la agilidad con la que había salvado su propia trufa.

Con una sonrisa en los labios pude observar la casa que habían elegido. La puerta que cerraba la verja estaba entreabierta, no había señales de pelea ni nada parecido, ni coche en la puerta. La puerta parecía cerrada aunque un par de ventanas estaban abiertas.

-¿Cómo lo hacemos Angelique?- pregunté -¿Entramos y revisamos? ¿O hacemos ruido para ver si queda alguien dentro?

Yo sabía cómo debía hacerse, al menos hasta ahora me había funcionado, pero me estaba sorprendiendo que alguien que nunca había tenido que luchar por su vida hubiese sobrevivido tanto tiempo a solas, y quería ver cómo ella y su gato despejaban la zona. Evidentemente yo estaría ahí para intentar que no le ocurriese nada.

-¿Qué te parece? Cuanto antes entremos antes podremos cocinar esas delicias que nos tenían guardadas en el súper.

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Pipper estaba concentrada en escuchar sus palabras en medio de la calma que existía en el lugar. Oh bendita calma poco vista en años, oh bendita brisa que soplas y das un respiro de vida y no de muerte. Solo podían escucharse sus voces, sus pasos y las lindas huellas de niebla porque Salem es un gato vago. Nada de gruñidos, nada de pasos corriendo, nada de balas, golpes o cuchillas perforando piel y hueso. Nada de eso… solo calma. –A nivel táctico estar solo o en un grupo pequeño es más fácil y cómodo, necesitas menos cosas, pero… a nivel psicológico y emocional… no es tan lindo. Me gusta encontrarme con personas, me gusta compartir con los humanos, aunque no me mal entiendas adoro estar con Salem… pero él aún no puede hablar, aunque sea capaz de regañarme. – Aquel ultimo comentario estaba lleno de buen humor y soltura, una gran representación de todo lo que ellas es si lo pensamos por un instante.

Poco a poco los pasos la llevaron villa adentro, donde era menos probable que hubieran saqueado aún, donde probablemente las personas huyeron a tiempo para no dejar que los muertos aumentaran sus filas y donde… esperaba ella… fuera el centro de la calma. Asintió suave a sus palabras mientras acariciaba distraídamente la cabeza de Niebla cuando se detuvieron, ganándose un bufido por parte de Salem a causa del susto que la perrita le había dado antes. –Sí, es realmente un largo camino, pero… ¿Qué más podía hacer, sino ver a donde me llevaban los pies? Siendo honesta, solo somos Salem y yo, si yo muriera… solo él me extrañaría, nadie más tiene algún recuerdo de mi antes de esto, y con las personas que me he cruzado en el camino… Bueno, digamos que la mayoría ha tenido planes mayores que los míos. He intentado asentarme, pero la mayoría de las personas se han dejado llevar por una constante desesperación y destrucción de sus propios valores al sucumbir al desastre. Y sea como sea… me gusta seguir pensando que la raza humana tiene salvación y ver lo peor de ella no me agrada. –Años… podía decirse con seguridad que tenía años sin ser tan honesta con ninguna persona y solo dejarse llevar por sus pensamientos en total armonía con ella misma y sin temor a que la miraran mal; Gilbert le inspiraba aquello.

Escuchó sus sugerencias pero negó, hacer ruido en aquel lugar solo podría atraer a los caminantes de las diferentes casas, si es que existieran en ellas. –No, mira, Salem entrará primero, él es rápido y efectivo en ello. Si hay algún caminante en la casa nos maullará y seguiremos caminando. Sino… podremos pasar y revisar en los rincones con mayor certeza, pero él nunca se equivoca. –Le aseguró antes de besar la cabeza de su gato y que este se perdiera dentro de una ventana para explorar.

-¿Sabes…? Eres la primera persona que conozco que aún tiene a su mascota consigo… aparte de mi por supuesto. –Le comentó mientras acariciaba a la dulce perrita. –Pocos tuvieron tiempo para salvar a sus familias y aún menos a sus mascotas, me pregunto seriamente que habrá pasado con los pobres animales de los zoológicos, ellos no tenían la culpa de nada. –Momentos luego de terminar aquella frase Salem apareció en la ventana, sentándose en ella y lamiéndose la pata como si fuera un día normal en medio de la primavera. –Esa es nuestra señal, vamos. –Le instó mientras atravesaba suavemente el espacio en la verja para evitar hacer más ruido del necesario y meterse por la ventana causando que Salem saltara dentro, no dudo en moverse rápido para abrirle la puerta a Gilbert y sonreírle. –Bienvenido a su hogar de paso, espero que disfrute su estadía y sus champiñones. –Bromeó una vez más con él antes de dejarlo pasar.


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