• Welcome
  • Basic
  • Extra!

Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Chicas Vs. Chicos
Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] EmptyHoy a las 10:59 por Jacqueline Hale

» ¿Hora de pasar página? [Zasha]
Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] EmptyHoy a las 10:57 por Jacqueline Hale

» Hasta siempre supervivientes y criaturas
Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] EmptyAyer a las 15:04 por Richard Jackson

» Ponle pareja al de arriba
Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] EmptyJue 15 Ago 2019, 18:05 por Cassandra Baržić

» Don't breathe [Libre]
Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] EmptyJue 15 Ago 2019, 17:53 por Cassandra Baržić

» ¿Que te sugiere el nombre de arriba?
Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] EmptyJue 15 Ago 2019, 17:30 por Cassandra Baržić

» Esposa e hijos [2/4]
Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] EmptyJue 15 Ago 2019, 11:32 por Geralt Travis

» Hubo una vez... [Ajax Burke]
Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] EmptyMiér 14 Ago 2019, 12:47 por Sutton

» ¿Que harías si el de arriba te besara?
Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] EmptyMiér 14 Ago 2019, 04:09 por BalioN

» ₪ Temas Concluidos {O B L I G A T O R I O}
Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] EmptyMiér 14 Ago 2019, 03:56 por BalioN

¿Quién está en línea?
En total hay 6 usuarios en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 6 Invitados

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


Élite
Magic WordsTime Of HeroesExpectro Patronum
Hermanos
Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] BfaHM5eAunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] TT9KvUfAunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] Gubwrm5Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] Gubwrm5
Directorios
Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] NgodK5u

Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Viernes 12 de Agosto de 2011
4:30pm
New York Presbyterian Hospital
Columbia University Medical Center

Habia pasado todo el día entre paciente y paciente. Realizó dos operaciones en el día y estaba un tanto agotada ya, por eso hasta ese momento lograba sentarse en el comedor a almorzar, suspiró de gusto con el primer bocado de su budín de atún y le sonrió a Jean que estaba acompañándola. Aquel día ella había preparado el almuerzo para ambos en la mañana, un rico budín de atún y aceitunas acompañado con puré de papas y ensalada cruda. Sería muy modestia al decir que habia quedado bueno, en realidad estaba espectacular. En los últimos meses tenía la costumbre de llevarle el almuerzo al menos una vez a la semana a Jean, solo para que pudieran compartir algo de tiempo juntos en medio del trabajo.

El doctor Jean Montana es un viejo amigo de la universidad, el cual incluso fue su interno cuando aún estudiaban ambos en Harvard. - Ha sido uno de esos días locos en los cuales no deja de llegar gente. - Le comentó tomando una nueva porción de su comida, esta vez de la ensalada. - No he podido descansar ni cinco minutos así que este tiempo parece la gloria ahora mismo. Al llegar a casa voy a ponerme la pijama y ser una vaga hasta caer dormida, y juro que el fin de semana no saldré de mi pijama y pantuflas. - Su tono de voz era divertido y risueño como siempre es... A menos claro que se trate de el asunto de un paciente.

El ambiente entre ellos era ameno y tranquilo, podían estar en silencio y nada iba a ser incómodo y eso es algo que a ella le encanta. Le regaló una nueva sonrisa antes de seguir comiendo.

Volver arriba Ir abajo

Para Jean, definitivamente la hora del almuerzo se había convertido en el mejor momento del día. No era el pan seco con textura de esponja o la ensalada de patatas húmeda e insípida de la cafetería lo que le inyectaba el buen humor, era el hecho de que podía compartir aunque fueran unos cuantos minutos al lado de aquella colega castaña que con su dulce sonrisa le llenaba de una calidez que no recordaba haber sentido antes. Durante la última semana surgieron imprevistos en sus respectivas áreas que les llevaron a cancelar ese momento sagrado del día, pero no en esa ocasión. ¿Afortunadamente? No sabía si esa era la palabra para describir la situación, pero los análisis de su paciente revelaron que no se encontraba estable para la cirugía en la que estaría atrapado hasta tarde, así que ahora se encontraba arreglándose un poco el cabello con ayuda del reflejo de una ventana antes de entrar finalmente a la cafetería.

Saludó con la mano a la doctora antes de tomar asiento junto a ella e inmediatamente sus ojos se abrieron como platos al ver que le había llevado el almuerzo. Sonrió sin ocultar la felicidad que le daba saber que pensó en él ese día mientras preparaba su comida, algo que elevaba levemente su ritmo cardíaco. Rio entre dientes evitando mencionar que en su caso había estado tranquila la consulta, pues era como una maldición decir en voz alta esa afirmación ya que casi siempre, inmediatamente después empezaban a llover los pacientes. —Si quieres, puedo ir a tu casa a hacerte un masaje.— dijo en un tono juguetón alzando las cejas sugestivamente para hacerle reír, sonrojar o cualquiera de sus tiernas reacciones habituales.

Y en realidad aquel no era un mal plan para Jean, el estar en el apartamento de Pipper en pijama, hacerle un masaje, ver una película, cualquier cosa que le permitiera pasar más tiempo a su lado para conocerla mejor fuera de los libros y el hospital. —Yo creo que ayudaré a Ryuko con la instalación de su estudio de arte durante el fin de semana,— dijo desechando completamente su fantasía porque, vamos, la castaña no había dado indicios de quererle más allá de una amistad sincera. Quizás eso era lo que le atraía de ella, el hecho de que en todos esos años no le hubiera dado indicios de querer tener relaciones con él. Jean no era mujeriego como las malas lenguas afirmaban, simplemente era demasiado complaciente. Si una mujer llegaba y le decía que le diera un beso, lo hacía. Lo mismo si le pedía que tuvieran sexo. Esa fama había provocado que muchas mujeres se acercaran a él para experimentar. Primero actuaban como colegas, luego como amigas y de último probaban para ver si era verdad que no se negaba a nada. Lo utilizaban de aquella forma y no faltaba la que se obsesionaba y terminaba pintándolo como un hijo de puta por no ser monógamo en una relación que ni siquiera existía. Jean no sentía nada por nadie, lo que le hacía quedar como el villano de la película, el aprovechado, el bastardo malnacido.  

Pero Pipper no le veía así, ni siquiera le veía como un “consolador”, lo veía como un ser humano, como un amigo de verdad. El que después de tanto tiempo no hubiera dado indicios de querer intimidad con él era algo que pintaba de color el gris panorama donde había vivido desde los dieciséis años. Sus atenciones hacia él de forma desinteresada, el cariño casi maternal que le brindaba constantemente, el hecho de que le hiciera de comer sin pedirle un centavo a cambio, todo en conjunto revolucionaba su ser al punto que dejó de acceder a las peticiones de las otras mujeres con tal de limpiar un poco su imagen ante ella. Incluso desarrolló una labia de coqueteo que nunca antes había empleado y no era que la utilizara para tratar de meterse en los pantalones de la doctora Hoffman, era para tratar de cambiar gradualmente la percepción de Pipper hacia él, para ver si algún día sus mejillas se arrebolaban y sus latidos se aceleraban al verle, para que algún día tartamudease avergonzada, para que le sudaran las manos, para que sintiera el estómago revuelto por los nervios. Para que la castaña le hiciera vivir por primera vez lo que se estuvo perdiendo todos esos años…

Podríamos ir a cenar saliendo del trabajo, ya sabes, para que llegues a casa más relajada.— dijo en un tono despreocupado antes de picar el budín con el tenedor, mirándola de reojo lo más disimuladamente posible porque le interesaba ver su reacción. Para él era un buen plan, una cena deliciosa, un buen vino, una charla agradable que creara un ambienteO podríamos ir a caminar al central park.— Agregó en el mismo tono antes de llevarse el budín a la boca. También le gustaba esa idea porque tendrían más privacidad y quizás, tal vez, quién sabe, podría mencionarle a la luz de las farolas que el noventa por ciento de sus coqueteos no eran jugando, sino que eran en serio. —Esto está delicioso, Pipper. No sé qué haría sin ti, mi reina.— Le dijo en ese tono coqueto como de costumbre, mirándola con una amplia sonrisa.

Volver arriba Ir abajo

Si bien Pipper es una mujer de rubor fácil, solo existen tres personas en el mundo que logran sonrojarla solo con una sonrisa, sus dos ex novios Leon y Stein... Y su compañero Jean. Y es que existe verdades innegables, y una de esas es que Jean es extremadamente guapo. Por eso y aunque Pipper trate de disimularlo, cada vez que el doctor tiene algún gesto coqueto con ella, esta se pone nerviosa aparte de sonrojarse; y eso desata... Algunos tartamudeos, y que a veces hable demasiado rápido. Debido a esto el comentario coqueto del doctor casi hace que la pobre se atragante y deba beber agua con su rostro encendido en vergüenza; la pobre mujer no estaba segura de a donde mirar porque lastimosamente ese comentario sonó demasiado íntimo para ella, y eso solo encendía aún más su rubor. Cuando se le pasó la pequeña tos gracias al agua, miró a su compañero aún con el rostro en llamas. - Ammm, yo, este... Es sumamente amable, pero no te molestaría así jamás. Tu tiempo es valioso. - Un momento... ¿Acaso estaba diciendo entre líneas que si aceptaría aquello pero le daba vergüenza? Puede ser pero no existe forma de comprobarlo, y hasta que suceda será inocente de ese cargo, pero no por el cargo del tartamudeo, de ese si es terriblemente culpable.

El doctor volvió a hablar y está vez el corazón acelerado de la doctora sufrió un pequeño golpe que la ayudaría a calmarse. Él estaría ocupado, eso resolvía el problema de molestarlo, pero también le desanimaba un poco porque... Bueno, realmente le gusta pasar tiempo con él. Aunque en su rostro se había notado solo por unos segundos la desilusión por la ocupación temporal del médico, no dejó que eso se mostrara por mucho tiempo por regalarle una sonrisa y palabras de aliento. - Oh, eso es genial, me alegra mucho que Ryuko pueda comenzar con eso, me encantaría ir a verla cuando esté lista, si se puede claro. - Se apuró en agregar. Las palabras de Pipper no eran falsas de ningún modo, ella en realidad se alegraba por la chica y si que le gustaría visitar la galería en un futuro y quizás hasta con él. Ese sería un buen plan para cualquiera, no solo para ella; de hecho la doctora estaba bastante segura que ese plan sería envidiado por muchas mujeres del hospital, sobretodo de todas aquellas que se dedicaban a hablar mal de Jean. En más de una ocasión a ella le ha tocado dejar salir a flote el mal carácter que tiene cuando se meten con sus seres queridos por defenderlo a él. Y es que Pipper sabe que Jean no es así, no es solo que no les crea, es que ella lo conoce, ha visto sus actitudes y como es en general, y él no es nada de eso; y nadie jamás lograría que ella lo viera mal.

Aunque ella había intentado no molestarlo ni ocupar su tiempo, no pudo saltar de inmediato al nuevo plan de su colega. - Esa me parece una idea maravillosa. - En su cara se había formado una sonrisa un tanto cómica porque el rubor de su rostro aún no se disipaba del todo. Y la siguiente parte del plan sonaba aún mejor, pero no tenían que ser dos piezas diferentes, podría ser un solo plan y ella no dudaría en decírselo. - O... Podemos cenar primero y luego ir a caminar un rato, cerca de mi hogar hay un restaurante divino y está justo frente a Central Park, si se te hace muy tarde para ir a casa... Bueno, en casa hay espacio. - Y encima lo invitó a dormir en su hogar, la doctora se estaba tomando unas libertades bastante grandes con aquello, cualquiera que no la conociera pensaría que estaba haciendo propuestas indecorosas con aquello. - Y ya sabes, si tú quieres y puedes, porque tienes eso con Ryuko y no sé si tengas que estar temprano allá y todo eso... - De nuevo sus nervios la traicionaban y la hacían culpable de un nuevo crimen... Hablar rápido. De verdad esperaba que su amigo hubiera entendido todo, porque no se creía capaz de repetirlo.

Pero es que... ¿Él de verdad no se da cuenta como se pone la pobre mujer cuando la halaga? Parece que no, porque sigue haciéndolo, y ella reaccionando como si tuviera catorce años de nuevo. Le besó corto en la mejilla como respuesta a su comentario para continuar comiendo con verdadero gusto. Pasado un rato de estar degustando sus almuerzo Pipper reinició la conversación. - ¿Cómo sigue tu paciente? ¿Mike no? ¿Ves signos de mejora? - A pesar que Jean tiene muchos pacientes, la mujer le preguntaba especialmente por este porque era consciente que  tenía al doctor preocupado y por extensión ella estaba preocupada también y de cuanto en cuanto preguntaba para mantenerse al tanto.


Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] RBNmn9G
LIPPER ♥️:
Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] 9oVV5Ld

Volver arriba Ir abajo

Para Jean, el tiempo sí era valioso, es decir, trabajaba una cantidad indefinida de horas y dormía otras tantas, lo que al final le dejaba (si tenía suerte) con unas dos o tres horas para sí mismo. A veces, contar con sólo un par de horas al día no era suficiente y usar esas horas para salir a beber o seguir conviviendo con otras personas podía ser agotador, incluso fastidioso. No se daba cuenta o más bien, no quería aceptar, que estaba empezando a deteriorarse su salud mental por ello… Y sin embargo, pensaba que pasar ese poco tiempo libre en compañía de Pipper sería más llenador que si lo pasara solo. Por ello no vio venir aquel calor en su pecho cuando su colega se mostró interesada por su propuesta, con aquella expresión entre emocionada y avergonzada que le caracterizaba. Era como un ángel.

Con una sonrisa serena, escuchó atentamente cómo mezcló ambos planes en uno solo. Definitivamente significaría desvelarse, de lo que se arrepentiría al día siguiente cuando llegase como un muerto viviente al hospital, pero valdría toda la pena del mundo. Y entonces Pipper mencionó la posibilidad de pasar la noche en su hogar. Sin perder la serenidad, aunque sentía que se le iba a salir el corazón del pecho, asintió ante la idea. Conociendo a la doctora, sabía que no estaba proponiéndole pasar la noche de esa forma, lo que le desanimaba un poco, pero la respetaba y quería demostrarle a toda costa que era un hombre decente.

Rió entre dientes cuando Pipper se dio cuenta de cómo había sonado su propuesta, pues le atropelló con su ansiosa verborrea para disimular. Le cogió de la mano para detenerla y mirándole fijamente a los ojos con la misma calma de antes, susurró —Me suena a un buen plan.— apretó suavemente su mano, la cual soltó cuando la doctora besó su mejilla. Algo que aún no terminaba de comprender era cómo podía avergonzarse tanto y al mismo tiempo, ser tan cariñosa como ella sola. Y justo cuando pensaba que sería una excelente pediatra (e inconscientemente una buena madre), su colega le preguntó sobre su más reciente caso. El pequeño Mike. —Le di instrucciones a la enfermera para que lo monitoree, pero el resultado de sus laboratorios me impiden operarlo esta tarde. Le cambié el tratamiento, si todo sale bien, mañana mismo estaré en el quirófano.— dijo antes de abrir la lata del refresco de cola que había comprado antes de entrar a la cafetería.

Le hacía gracia cómo la mitad de los médicos regañaban a sus pacientes por sus hábitos, pero a la hora de la comida los veía tragando comida chatarra. Si no fuera por Pipper y sus saludables almuerzos, en ese momento se estaría tragando un pollo frito extra grasiento junto a su gaseosa. —Perdón, ya mañana lo dejo.— se disculpó como diariamente hacía antes de beber del “veneno” líquido. Dejó la lata sobre la mesa. —Por cierto, ¿tú cómo andas de trabajo? ¿Crees estar libre por ahí de las 8pm? Para que haga la reservación.— dijo volviendo a clavar el tenedor sobre su plato de comida. —Podría verte en el estacionamiento como a esa hora y nos vamos en mi auto.— mentalmente trataba de recordar si su vehículo estaba limpio o si habría dejado algo vergonzoso como ropa sucia o empaques de comida rápida. Antes de la hora acordada iría a revisar. —Pasaríamos primero a tu departamento para que te pongas cómoda. Yo le diré a Ryuko que me traiga ropa decente.— Aquello último lo agregó casi de la misma manera atropellada en la que Pipper sobreexplicaba las cosas cuando se ponía nerviosa. Y no era para menos, estúpidamente se le había ocurrido llegar al hospital con una camiseta poco apropiada para un elegante establecimiento gastronómico…. Incluso para ir a trabajar, pero le caía tan bien al médico jefe que nunca era censurado. También era una ventaja trabajar con chemises, por lo que sólo se enteraban de sus ridículos atuendos cuando le veían llegar o cuando lo veían irse.

Continuaron conversando de cosas triviales durante un rato, del trabajo, de sus quehaceres en sus respectivas casas, del estudio de Ryuko y la exposición que daría pronto. A Jean le gustaba imaginarse paseando en la fiesta después de la exposición con una mano cargando una copa de vino y la otra alrededor de la cintura de Pipper. Si todo salía bien ese día o, mejor dicho, si se daba, dejaría de ser sólo una fantasía. Estaba por invitarla como su plus one a la exposición, pero escuchó el zumbido de un teléfono. Instintivamente se llevó la mano al bolsillo, pero no era su teléfono el que vibraba, —Creo que te buscan,— dijo señalando el bolsillo de su colega. Esperaba que no fuera una emergencia o, una vez más, se vería interrumpido el momento más sagrado del día.

Volver arriba Ir abajo

Existen momentos de momentos; algunos más suaves, otros más divertidos y otros que no tienen comparación. Últimamente para Pipper eso momentos con Jean entraban en la última clasificación "incomparables". Desde un almuerzo simple, hasta esas noches donde se han dormido juntos en el sofá viendo alguna película; para ella todos son maravillosos y nada más que maravillosos. El sonrojo eterno en su rostro delataba lo atractivo que le parece su colega, y que le ha parecido desde sus años de universidad.

Pero claro, aquel sonrojo se intensificó al tener la preciosa mirada del doctor directamente en ella, y aún más dándole una aprobación a su plan. Mordiéndose ligeramente el labio asintió buscando calmarse. ¿Acaso es una adolescente hormonal? No, pero la pobre se siente así. Tanto, que incluso se permitió besar la mejilla del pediatra, aunque una parte de ella quería dejar ese beso en sus labios. Escuchó atentamente lo que le contaba sobre el paciente, mientras tomaba un sorbo de su jugo de manzana. No pudo evitar mirarlo con un regaño en sus ojos al ver lo que tomaba, mas lo dejó ir de inmediato por aquella hermosa sonrisa y disculpa que le dedicaba; aunque sabía que era mentira ella misma se encargaría de ahora en adelante, de llevarle un jugo natural para evitar que siguiera tomando aquello. Continuó con su comida antes de asentir al escucharlo aún con la boca llena; una manera de no hacerlo esperar, pero tampoco ser una maleducada que habla con la boca llena. Finalmente tragó para responderle. —Si, estoy segura que estaré libre a esa hora, y me parece bien, sabes que no me gusta manejar mucho, prefiero dejarle eso a otros. Puedo esperarte si quieres o ir contigo a buscar la ropa, no me molesta. Aunque así estas guapo. — Ella no tenia ni idea de que había en realidad en su ropa, pero para ella siempre estaba guapo, así que no seria ninguna diferencia.

En esos momentos entre hablar de trivialidades y demás, le tomó la mano con suavidad a Jean recordando algo y sintiendo la necesidad de explicárselo, porque no quería que de ninguna forma de malinterpretara aquello, aunque ya se hubiera dicho hace rato. — Jean… —Mientras le llama con el fin de que centre toda su atención en sus palabras sus dedos trazan suaves formas y caricias en la mano ajena. —Sobre lo de hace rato y quedarte en mi casa… No quiero que tomes mis nervios como que no quiero que vayas, o porque me de miedo que terminemos en ejem… ya sabes… este… eso… sexo. —Y regresamos a aquello de parecer una adolescente… ¿Cómo es que no puede ni pronunciar la palabra, cuando no tiene ningún tipo de tabú sobre ello? Bueno… quizás sea porque la está pronunciando delante del hombre que se ha colado en sus sueños de vez en cuando para hacerlos más… entretenidos. —No, no es eso, si eso pasa sería magnifico, pero tampoco voy a llegar y proponértelo nada más así porque no soy tan descarada y bueno, tú me conoces, y sabes que yo no hago esas cosas así y… —¿Qué estaba hablando calmada alguna vez? No… la verborrea regresó, ya parece la secuela y todo. Respiró profundo para continuar hablando que se le entendiera algo. —En fin, que no tengo ningún problema con nada. — Esa era la forma más tonta de resumir todo lo que dijo, pero bueno… Lo hecho… hecho está.

Le dedicó otra sonrisa nerviosa y tonta para seguir comiendo y hablando de mil cosas. Rato luego su teléfono comenzó vibrar y no pudo oculta el puchero que se formó en su rostro; ella no quería que aquella charla termina, quería seguir y seguir, pero el deber llama. Su teléfono fue revisado en segundos y los sentimientos fueron agridulces, debía atender una emergencia, lo cual siempre le preocupa y ahora más porque en el mensaje le pedían que viniera con Jean, por ende, era la emergencia de un niño, pero también podría seguir con él otro rato, así que eso la alegraba. —De hecho… es para los dos, nos buscan en emergencia, un niño se accidentó. — Mientras le avisaba recogía las cosas de ambos para poder moverse lo más pronto posible.


Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] RBNmn9G
LIPPER ♥️:
Aunque duela, la felicidad de quienes amamos es el mejor regalo. Jean [Priv, FB] 9oVV5Ld

Volver arriba Ir abajo


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.